ACORDEONEROS SAN JACINTEROS: entre los principales encontramos los siguientes:
Alejandro Alandete, pionero.
José Manuel García, conocido como "Don José" y como "Manta e Lana".
Rafael García, "El Iguano".
Felipe Vargas, padre de Ramón Vargas Tapias.
Luis Ramón Vargas Tapia, "Compadre Ramón".
Ramoncito Vargas, hijo de Ramón Vargas Tapias.
Andrés Guerra Landero (1931- 2000).
Humberto Montes.
Jeison Landero.
Robert Landero.
Sofía Landero.
Eduardo Nato Lora.
Eduardo Lora Lentini.
Rodrigo Rodríguez.
Luis Alfaro Rodríguez.
Praxisteles Rodríguez.
Cristóbal Fernández.
Ángel Reyes.
Héctor "Peki" Romero.
Jonathan Romero, hijo de "Peki" Romero.
Nelson Leones.
Carlos Olivera.
Henry Hamburger.
Carolina Ramírez.
Julio Castilla.
Juan Meléndez, "Juancho Rois".
HUMBERTO MONTES.
Humberto Montes, acordeonero, cantante y compositor, nativo de San Jacinto, Bolívar. Uno de los juglares que abrió caminos en su tierra natal en materia de la ejecución del acordeón. Humberto Montes grabó por primera vez en 1962 en Discos Tropical de Barranquilla los siguientes temas del cantautor Adolfo Pacheco Anillo:
- "El Cordobés".
- "Sabor de Gaita".
- La Coleta".
- "Elena y Alicia".
En el año 1964 va a los estudios de grabación nuevamente con Adolfo Pacheco para grabar "El Mochuelo", que poco se escuchó. También hizo varias grabaciones con su propia voz y su acordeón. Humberto Montes hizo parte del conjunto del acordeón cumbia plateño Caramelo Torres Mendoza. En la década del Sesenta estuvo de correrías musicales en las poblaciones del Magdalena, tocándole a los ganaderos; de igual manera en México.
MONCHE VARGAS.Luis Ramón Vargas Tapia (1935-1977), no es del Magdalena, ya que nació en San Jacinto, Bolívar, en el seno hogareño conformado por el acordeonero Felipe Vargas Torres y Lucila Tapias Moya. Destacado acordeonista, compositor, cantante, técnico de acordeones y productor musical.
LA NOCHE EN QUE LOS MÁS GRANDES JUGLARES LE RINDIERON HONORES A LANDERO.
Hace 36 años se reunieron en el Club Gallístico de San Jacinto los más grandes juglares de la música de acordeón: Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Luis Enrique Martínez, Enrique Díaz, Lisandro Meza y Adolfo Pacheco para rendirle honores al Rey de la Cumbia.
Que se hayan reunido en un mismo escenario, en la misma noche, Pacho Rada, Alejo Durán, Abel Antonio Villa, Lisandro Meza, Luis Enrique Martínez, Enrique Díaz y a Andrés Landero, hoy día, tiene más visos de un sueño que de una realidad. Pero, incrédulos del mundo, eso de verdad ocurrió. Fue un 15 de abril de 1989 en el Club Gallístico de San Jacinto, a instancias de Alberto Hinestroza Llanos, un cachaco visionario y audaz que se casó una joven sanjacintera y, en menos de dos meses, escribió un libro sobre los gaiteros, otro sobre Landero y organizó la mejor fiesta que se haya visto en la historia de la tierra de la hamaca. Fue un evento que jamás de los jamases se repitió, ni se repetirá en ningún sitio en Colombia, y que marcó un hito en el folclor caribeño, pues reunir a tantas leyendas en un mismo escenario para rendirle honores al Rey de la Cumbia, Andrés Landero, era, y fue, algo imposible de volver a hacerlo. Ese día, Hinestroza lanzó sus dos libros, y el que escribió sobre Andrés Landero, titulado ‘Mis memorias’, se entregó con la compra del boleto de entrada. Cuenta Alfonso Hamburger, en la crónica que escribió para el diario El Universal sobre el homenaje al artista sanjacintero, que fue tanta la emoción del pueblo al ver a esos inmortales juglares haciéndole venia a uno de sus hijos predilectos, que muchos olvidaron en sus sillas el libro que les habían entregado para irse a ver de cerca el espectáculo. Al día siguiente, los barrenderos encontraron varios libros a lo largo y ancho del amplio patio donde estaban las mesas. De Barranquilla, el entonces coronel, Juan Salcedo Lora, comandante de la Segunda Brigada del Ejército, y tan sanjacintero como la hamaca, llegó sin avisar y le entregó un trofeo a Landero por el aporte que le había dado al folclor de su tierra. Salcedo Lora, quien se sabía de memoria la mayoría de las canciones de Landero y Pacheco, aprovechó para soltar unos cuantos versos en plena tarima. La enviada especial de El Heraldo, la periodista Elsa Mogollón, escribió: “El rey de la cumbia estaba feliz, se paseaba como un niño nervioso, pero contento, por la tarima y abrazaba a todos sus amigos: Francisco ‘Pacho’ Rada ‘El tigre de la montaña’ su inspirador y maestro; Luis Enrique Martínez ‘El pollo vallenato’; Abel Antonio Villa, Alejo Durán ‘el primer rey vallenato’, Enrique Díaz, Adolfo Pacheco, el creador de ‘La hamaca grande’ y Lisandro Meza”. “Por primera vez en la historia, todas estas figuras legendarias del vallenato se reunían en una sola noche a tocar acordeón y recrear con su música la historia menuda y sufrida de la Costa Atlántica”, escribió la periodista de El Heraldo. La nota de la gaita, que en un evento en homenaje a Landero no podía quedar por fuera, la puso el gran José Lara y un grupo infantil conformado, en su mayoría, por nietos del famoso gaitero que hizo parte del inmortal grupo Los Gaiteros de San Jacinto. Quien esto escribe, en los pininos como periodista, editó, también auspiciado por Alberto Hinestroza, un boletín de 4 páginas para destacar el homenaje a Landero, que se denominó El Faroto, cuya primera y única edición se vendió como arroz en el evento. Como anécdota quedó el episodio ocurrido con Alejandro Durán, quien pagó con una moneda de cien pesos un ejemplar de ‘El faroto’ que tenía un valor de 50 pesos. ‘Ya le traigo el vuelto, maestro’, se le dijo, y en vista de que ya habían pasado más de 20 minutos del pago, el mismo Durán se paró de su silla y fue hasta donde yo estaba para pedir su vuelto. Fue una noche pletórica, con un pueblo feliz por haberle reconocido en vida a Andrés Landero su gran labor en defensa de la cultura sanjacintera. No hubo ni una sola pelea, nadie se salió de la ropa y las notas de las cumbias de Landero cerraron con broche de oro la fiesta jamás vista en la tierra de la gaita y en ningún otro rincón del territorio patrio. Por: Juan Carlos Díaz Martínez
JOSÉ VICENTE CARO.
En los albores del siglo XX, en el Carmen de Bolívar, se formó un músico culto de tierras desconocidas. Se trata de José Vicente Caro Vega, fundador de la Banda 16 de Agosto, más conocida como “La Secante”, porque sus músicos de trago largo, se vaciaban todo el ron de las fiestas. Fue José Vicente Caro Vega, fundador de "El Gurrufero", con su famoso "Salón Andrés", una academia de baile en San Jacinto, Bolívar. Academia convertida años después por Manuel Pacheco (padre de Adolfo Pacheco Anillo), en el bar más famoso de la región. A ese bar llegaban grandes poetas, Abel Antonio, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, etc.
Rafael García Lora, el eslabón casi perdido de la vida de Calixto Ochoa, debía cumplir 95 años en el día de hoy, pero casualmente entregó sus papeles al Señor, que fue su mejor forma de celebrar. Nació en el hogar de Pedro García ,Pello colorado, y Ana Rovira Lora, un 23 de mayo. de 1930, en San Jacinto.Fue hijo único. En esa casa vieja de palma de pretil alto y patio herrumbroso, se hacía ñeque, lo que atraía a los músicos. Pello colorado,que nunca admitió ese sobre nombre, tocaba el bombardino en la banda 16 de Agosto,del maestro José Vicente Caro, fundador del gurrufero. A veces ,para mentar la madre, no se sacaba el bombardino de la boca, en plena misa. Rafa el iguano, hijo único, tenía 23 años, cuando a su casa llegó Calixto Ochoa, huyendo de una pena de amor, en compañía del Chu Castrillón y el Nola Maestre. Calo tenía 19 años y se empató con Ramón Vargas, porque sus compañeros se regresaron al Valle. Allí comenzó la historia de Calixto Ochoa en la sabana. Uno de los sustos más grandes de mi vida me lo dio Rafael García Lora, a quien le decían el iguano, pero nadie se atrevía a decirle en su cara, porque buscaba machete. Yo empecé a necear en esto de la historia musical desde 1981, cuando le hice una entrevista a Adolfo Pacheco,lo cual marcó mi vida. En 1999 gané una beca regional para escribir mi primer libro de música, En Cofre de Plata, música corralera,de la plaza de Majagual a la modernidad. En un lluvioso día de octubre de ese 1999 llegamos a casa de Rafa, Miguel Manrique y yo, a hacerle una entrevista, y es allí donde les tomamos las fotos donde aparece tocando un acordeón de juguete. Rafa estaba sentado en el corredor de la casa y apenas oyó mi nombre agarró un machete y me dijo, ajá tú eres el más macho que me pusiste sobre nombre en un libro. Pero yo me mantuve sereno, mientras Miguel le quitaba el machete, entonces me le negué y le dije que muy seguramente debía ser Numas Armando Gil.
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