EDUCACIÓN EN PAÑALES: Al comenzar el siglo XX, la educación en el corregimiento de Cantagallar, Magdalena, estaba en pañales. Le correspondió entonces, a un grupo de señoras respetables del pueblo abanderar noble tarea, sin devengar sueldo. Tiempos de la “Cartilla de Palo”, de la "Cartilla de Cartón"; de los libros “Pepito”, “Coquito” y "Alegría de Leer". Tiempos de la correa de cuero, para quien no supiera las cuatro operaciones y de poesías recitadas en eventos culturales y patrióticos. Tiempos de la lectura de memoria, de los regaños y de los exámenes finales con presencia de los padres.
EL COLEGIO DE AMÉRICA RANGEL.
América Rangel Barrios, fue de las primeras en enseñar a leer y escribir a la mayoría de jóvenes de esa época. Su primer colegio lo tuvo en casa de Josefita Barros Pallares y Modesta Rangel Barros. Al casarse en 1945 con Joaquín Ospino Vizcaíno, desarrolló las tareas educativas en su nuevo hogar, acompañada de su hija Ruby Ospino Rangel. No laboraba como profesora del gobierno, sino como maestra particular en su propia casa y sin cobrar un centavo. Con esta tarea desinteresada se adelantó a los programas de alfabetización que años más tarde implementara el gobierno nacional, para enseñar a leer y escribir a los colombianos. 99 años de existencia tuvo América Rangel, desde 31 de agosto de 1924 a 27 de julio 2023.
EL COLEGIO DE JOSEFITA CALVO PAYARES.
Hija del piñonero José María Calvo, pero casada en Cantagallar con Dionisio Ospino Vizcaíno. Fue docente privada en su casa por mucho tiempo.
EL COLEGIO DE NATIVIDAD VARELA.
Hija de Pedrito Varela Palmera, con María de la Cruz. Se casó Natividad Varela de la Cruz, con Juan Manuel De La Hoz.
EL COLEGIO DE ELOÍSA NORIEGA.
Casada en Cantagallar con Hermogenito Ospino Vizcaíno. Sus padres eran oriundos del caserío Playón de Orozco. Eloísa Noriega junto con sus esposo Hermogenes Ospino Vizcaíno atendía a los niños en su propia casa, como la mayoría de los demás profesores.
EL COLEGIO DE MARÍA RANGEL ÁLVAREZ.
Hija del matrimonio cantagallero entre Ignacio Rangel Mendoza y Amelia Álvarez. A María Rangel Álvarez, no le preocupó su condición de minusvalida para desarrollar un colegio privado en Cantagallar, establecimiento educativo que años después se lo llevó para Puerto Colombia, sitio donde otro docente egoísta por el éxito de la cantagallera, le echó un maleficio del cual murió.
EL COLEGIO DEL “CHOCOANO” MENA.
El colegio privado de Jorge "El Chocoano" Mena, fundado en la década del setenta, fue el primero que empezó a cobrar la educación. Su institución educativa contaba con bellos uniformes, buena disciplina, y campeonatos de fútbol; circunstancia que produjo celos en los profesores oficiales, que incluso ocasionó enfrentamientos.
Esa escuela de carácter privado tuvo funcionamiento en Cantagallar en la década 1970. Se destacan en la imagen los siguientes estudiantes: José Meriño, Amador Varela, "El Manco" Pérez, Ramiro Crespo, Martín y Adan Vizcaíno, Humbertico "Chorro" Rada, "El Viejito" Rada, Kenedy Ospino Rojano, Pepito Ospino, Máximo y Germancito Ospino, Argemiro González Rojano, Carlos González Rodríguez.
TESTIMONIO DE LESLY TORRES.
- "Tambien doy testimonio de eso.... la Seño América me enseñó a leer la Cartilla de Cartón como le llamabamos en ese tiempo. La Seño Ruby fue mi maestra mas luego ...y continuando con las clases basicas la Seño Imerita Riquett .....recuerdo que ella era muy estricta y nos castigaba severamente si no haciamos la tarea. Nos aprendiamos de memoria las largas lecciones de los Libertadores Simon Bolívar, Cristóbal Colón y algunos mas. Hasta mis últimos días estaré muy agradecida de ellas por impartir esas enseñanzas conmigo y algunos de mis hermanos. Pido a nuestro padre celestial que las siga bendiciendo con salud larga vida amor en sus vidas y las de sus generaciones".
CREACIÓN DE LA ESCUELA.
El artículo primero de la Ordenanza No. 37 del 20 de abril del año 1920, emanada de la Asamblea del Magdalena, dice así:
- “Crease una escuela alternada en el corregimiento de Cantagallar. Esta escuela tendrá una asignación mensual de $ 25 pesos, y $ 1 peso para material”.
De modo que a partir de 1920, nace la escuela pública en Cantagallar, de esta forma llegan profesores que dictan clases en casas particulares, ya que en esa época no había infraestructura educativa en la población.
UN SOLO PROFESOR PARA VARIOS CURSOS.
Hasta el año 1971, un profesor dictaba clases a 5 cursos, colocando 5 mesas en un sólo salón, cada mesa correspondía al respectivo nivel de primaria. El profesor mantenía en su escritorio una "penca" de cuero, la cual se azotaba al alumno indisciplinado o al que no se supiera la tabla de matemática. Se festejaban los días patrios y los días cívicos, en cuya celebración cada alumno participaba con un discurso o una poesía, en la mencionada celebración asistía la comunidad entera. Era la época en que los exámenes finales, se hacían con la presencia de los padres de familia.
CUANDO SE PREMIABAN A LOS ESTUDIANTES CON UNA MEDALLA EN EL PECHO.
Cada mes el profesor de curso, señalaba el mejor estudiante; que era aquel, que se destacaba con notas sobresalientes, cuadernos limpios e inmaculados, buena conducta, solidario con sus compañeros, cívico, buena presentación, educado, etc. La distinción consistía en una reluciente medalla con el tricolor colombiano, adornada en el pecho, la cual luciría por espacio de un mes. El acto de premiación, se realizaba en el patio principal de la escuela, ante la presencia de estudiantes y docentes, con la izada de la bandera y entonación del himno.
PROFESORES DE CANTAGALLAR: De la autoría de Jefferson Ospino Varela.
- “Vivo eternamente marcado por mi niñez, porque considero que en esta etapa de la vida es donde uno aprende a valorar mucho más las cosas. Un niño asimila fácilmente las cosas sin que nadie se lo explique. Uno a veces escucha a un niño decir algo que uno nunca se imaginó que se iba a dar cuenta; es por estas cosas que a una persona nunca se le olvida algo que le pasó en la niñez, como por ejemplo, hay niños que crecen con traumas que nunca se les olvida. Hoy he decidido escribir sobre algo tan bello e inolvidable como lo fue mi niñez en la escuela. Algunos se preguntaran ¿Por qué ese tema?... Sencillo, yo nunca olvido esa etapa de mi vida y a veces me sorprendo y me da tristeza al ver cómo han cambiado los tiempos.
Cuando yo era niño, se sentía mucho el respeto de los alumnos hacia los maestros, los veíamos con admiración y cariño. Aún recuerdo las lecturas de comprensión de la seño Karina, los regaños constructivos del profe Nacho y a la vez recuerdo que él aprovechaba los tiempos libres de los alumnos para conversar sobre nuestra conducta y nos dictaba clases. Recuerdo los pereques de buen sentido de humor, regaños para bien y consejos infaltables del profesor Dedde, Cabarcas y Chema. Las enseñanzas espirituales de la seño Leonor, la ética y moral que fomentaba la seño Andrea, la disciplina que inspiraba la seño Adriana y el profe Tulio. Aunque no tuve el privilegio de que todos los profesores en aquella época me dieran clases, al igual yo los respetaba y admiraba.
Siempre veía a la seño Merce, Onaira, mi mamá, la seño Juana, la seño maría, Dubisita, Alexis, Zuleima, Yineth y Gladis, darle clases a sus respectivos alumnos, con el orden de aquella época, donde lo real es un sueño para lo actual, porque a veces que lo recuerdo me dan ganas de regresar el tiempo y aprovecharlos un poco más. El compañerismo en aquella época era fundamental, aún conservo esas amistades y siempre que nos encontramos es para recordar la escuela. Nunca olvidamos a alguien que fue como una madre para nuestro grupo, ella fue la seño Marinella Montero, con ella compartimos tristezas y alegrías, siempre quería vernos como un ejemplo para los demás estudiantes y sus consejos hicieron de nosotros unas personas más correctas.
Todos Recordamos esos concursos de matemáticas que organizaban el profe Nacho, profe Chema y Dedde. Consistía en llevarnos a otros cursos y medir nuestro aprendizaje en las tablas de multiplicar y como todo tiene su condición, la de ese concurso era la correa, aunque al momento nos daba miedo fallar y que nos pegaran, a la vez nos parecía muy divertido, por esa razón llegábamos a la casa a estudiar más y más las tablas. Todas esas cosas hicieron parte de mi niñez y mi crecimiento personal que nunca olvido. Para esos profesores no tengo más que palabras de agradecimientos. Me siento orgulloso de haber pertenecido a esa época donde ante todo prevalecía el respeto.
Quisiera que los estudiantes de Cantagallar sepan estas historias y se den cuenta lo valioso que son los profesores y la niñez; aprovéchenlos al máximo, que así como ustedes están ahí, yo también lo estuve, y al igual que ustedes a veces también sentía fastidio, pero hoy anhelo esos momentos. Ustedes no tienen la culpa de a veces portarse mal, porque eso hace parte de la niñez, pero, respeten, valoren y admiren, que más tarde van a querer repetir esa época, pero ya no podrán porque tiempo que se va no vuelve, pero siempre se recuerda”.

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