TESTIMONIOS SOBRE
NACIMIENTO DE LA
CUMBIA
EN EL
MAGDALENA.
La Floresta.
EN TENERIFE EL MÁS ANTIGUO: El testimonio más antiguo sobre música
indígena, se encuentra en el libro de Hermes Tovar Pinzón, titulado “Relaciones
y visitas a los Andes (Siglo XVI): Tomo II: Región Caribe” publicado por
Colcultura en el año 1994. Aparece en esa edición una descripción con el nombre:
- “De la descripción de la Villa de Tenerife, de las cosas de la tierra que mandó
hacer el ilustre señor Don Lope De Orozco, Gobernador y Capitán General de la
ciudad de Santa Marta y sus provincias, por su Majestad el Rey de España, el 19
de mayo de 1580”.
El manuscrito original se conserva en la Real Academia de la Historia de Madrid, y fue transcrito, anotado y publicado siglos después por el historiador Hermes Tovar Pinzón (1994) en su obra Relaciones y visitas a los Andes, S. XVI: Región del Caribe. Lope De Orozco, fue Gobernador Provincia de Santa Marta de 1575
a 1580, es su testimonio de mucho valor histórico. Sobre la música indígena en la
población de Tenerife, Magdalena, narra lo siguiente:
- “La chicha que beben es de la masa del maíz,
que echan en unas múcuras, que son como tinajas y allí en esas múcuras hierven
esta chicha. Cuando se quieren emborrachar la hacen más fuerte, con masa de
maíz y masa de yuca. Los indios e indias, beben y hacen fiestas, con una caña a
manera de flauta, que se meten en la boca para tañar y producen una música fea
que parece traída del infierno”.
LIBRO, LA FLORESTA DE LA SANTA IGLESIA CATEDRAL DE LA CIUDAD Y PROVINCIA DE SANTA MARTA: Con la caligrafía española de la época, así manifiesta el libro La Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta:
- "yndios i yndias veben y asen fiestas con una caña a manera de flauta que se meten en la boca para tañer y producen una mucica como mui trayda del infierno".
- "yndios i yndias veben y asen fiestas con una caña a manera de flauta que se meten en la boca para tañer y producen una mucica como mui trayda del infierno".
FIESTAS EN HONOR AL CACIQUE: El territorio tenerifano estaba habitado por los malebúes, un pueblo indígena cuyo cacique tenía por nombre, Macalamama o "El cacique grande sobre todos". Así describe el libro:
- "Estos Malebúes desta Villa tenyan un señor que ellos respetaban, que llamaban Macalamama, y a él açían fiestas y le temyan y obedeçían sobre todos".
El documento de 1580 describe con detalle la manera en que los malebúes tributaban a su señor y organizaban sus grandes celebraciones colectivas. Cada comunidad sembraba y cosechaba maíz y yuca para Macalamama; con ese maíz y esa yuca se preparaba una gran cantidad de chicha, y la fiesta resultante podía durar, según el propio texto, entre ocho y quince días, mientras duraba el trabajo colectivo. Los malebúes no medían el tiempo como los españoles, sino por lunas: cuando una luna "moría", se convocaba una junta y una fiesta grande en la que participaba todo el territorio. Antes de la celebración, cada pueblo salía a proveerse de alimento para llevar ante su señor:
- "yba toda la tierra, todos los pueblos a buscar montería, los Malebúes pescado del río y çiénagas... trayan mucha yuca y batatas y uyamas y cosas de chucherías que ellos comen".
Todo esto se entregaba a Macalamama, pueblo por pueblo, como forma de tributo. Solo después de esa entrega llegaba el momento de la celebración compartida:
- "Venyan todos a beber a la fiesta grande, con atambores y flautas y sonaxeros que a la fiesta tañyan, y todos benyan muy enbixados".
El documento histórico de 1580, registra los instrumentos musicales de los indígenas, en donde se destacan la flauta de caña y cera:
- "Puestos los dedos en los agujeros de la flauta que es una caña gueca y de çera de la tierra tienen echo su manera de flauta, a manera de un capillo de frayle, y puesto un cañón de abe que meten en la boca para tañer".
El documento aclara, además, que estas flautas no se tocaban solas, sino en conjunto, con partes musicales diferenciadas:
- "Uno es el tiple y otro lleva el tenor".
El mismo pasaje añade un instrumentos de percusión:
- "Un calabaço tiene el uno dellos u otro yndio que es el sonaxero questá con unas chinytas dentro, y ba este llevando el contrapunto".
MÚSICA
EN OTRAS REGIONES
DEL MAGDALENA.
EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA: José Nicolás De La
Rosa, Alférez Real español, hacía 1742 escribió La Floresta de la Santa Iglesia
Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta, en donde manifiesta sobre la
música indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, lo siguiente:
- “Los instrumentos musicales utilizados por los indios de Santa Marta, son tambores grandes y largos, hechos de tronco de árboles gruesos; cornetas y trompetas de caracoles marinos, flautas hechas con las canillas de los indios muertos. Hacen sus fiestas y bailes extraños en los patios, enlazados de grandísimas y pulidas piedras. Periódicamente con las primeras cosechas de maíz realizan fiestas en donde invitan a los vecinos para festejar la cosecha y tomar chicha”.
- “Los instrumentos musicales utilizados por los indios de Santa Marta, son tambores grandes y largos, hechos de tronco de árboles gruesos; cornetas y trompetas de caracoles marinos, flautas hechas con las canillas de los indios muertos. Hacen sus fiestas y bailes extraños en los patios, enlazados de grandísimas y pulidas piedras. Periódicamente con las primeras cosechas de maíz realizan fiestas en donde invitan a los vecinos para festejar la cosecha y tomar chicha”.
La Floresta.
TESTIMONIO DE UN HISTORIADOR: El historiador Eliecer Joaquin Avendaño Restrepo , samario y miembro de la Sociedad Bolivariana del Magdalena, hace el siguiente relato:
- "Se cuenta que entre lo que hoy es Minca y el Campano, todos los años se celebraba una especie de carnaval, antes de la llegada de los españoles, con el objeto de hacer trueque, donde partipaban, los Hubachi, los Matuna, los Guanaka, los Gayra, los Bondigua y otras tribus de Adya o Bahata. Se tocaban las Ocarinas, flautas de 5 y 10 orificio y maracas de calabazo lleno de semillas de Yeragua. También se tocaban varios troncos de tamaño diferentes, cubiertos con cuero de venado. Con su música hacían sus ritos a la Pacha Mama, a la Naturaleza y a sus Dioses, principalmente a Serankua. Se engalanaban y bailaban e intercambiaban productos. Los sacerdotes de la competencia espiritual, lo prohibieron por satánico".
EN LOS PUEBLOS RIBEREÑOS: El Alférez José Nicolás De La Rosa, español de
nacimiento avecindado en Santa Marta, quien dedicó los ocios de su profesión de
militar a escribir crónicas, de la ciudad y la provincia, hacía 1742 escribió
el libro titulado La Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y
Provincia de Santa Marta, en donde sobre los pueblos ubicados a orillas del río
en el Departamento del Magdalena dejó escrito:
- “Los indígenas establecidos a orillas del Río Magdalena, conservan su vieja idolatría, manteniendo en aquella montaña un Caney grande (Ranchón), donde se reúnen a rendir adoración y pedir vaticinios a un gran muñeco que allí tienen pendiente de una viga y vestido de hojas y ramos aromáticos, con un turbante de vistosas plumas y en las manos su arco y flecha. Alrededor del Caney, con muchas tinajas y múcuras de sus bebidas y entre una y otra, sus bancos para descansar los que salen del baile; baile este, que forman en circo, tomando en medio al muñeco, para que obligado de aquel bárbaro holocausto, le anuncien los sucesos y sus gustos. Usan como instrumentos musicales, flautillas o canutillos, percusores con tronco perforado y cuero de venado, caracoles y fotutos”.
EN LA ZONA BANANERA: En el libro titulado Migrantes y Blacamanes, de la autoría de Venancio Bermúdez Gutiérrez, publicado en el año 1995, hay muchos testimonios de la música indígena Chimila. Hay un testimonio del cronista y militar español Gonzalo Fernández De Oviedo (1478–1557), Gobernador de la Provincia de Santa Marta de 1535 a 1538.
- “Tambores grandes de seis a siete palmos de luengo, hechos en un tronco vacuo de árboles gruesos y encorrados colgados en el aire dentro de los bohíos que sonaban mucho”.
También se informa en el año 1764, la llegada alegre de una escuadra de indios con fotutos, maracas, flautas y algazaras, y como elaboran los indios Chimilas algunos instrumentos musicales con huesos secos. Se afirma que cerca del Río Aracataca, en casa de los Chimila envueltos en hojas frescas, descubren dos canillas, una de brazo de gente y otra de pierna y que según los indios, las tienen para hacer pitos.
EN GUAMAL: En una expedición del Capitán y cronista español Don Martín Ruíz Díaz, realizada el 8 de septiembre del año 1766 en Guamal Magdalena, antes llamado “Malambo”, cuyo cacique era Milo o Melo, encontró lo siguiente:
- “Nos topamos con dos indios Chimila que venían y salió un Tocaimo, tras el uno de ellos que cogió y el otro siguió derecho a una casa que avanzamos y en donde cogimos tres chinitos, varones y hembras, y proseguimos adelante y avanzamos a otra casa, en donde había más de 50 tinajones de bebidas, sin otros que estaban al fuego cocinando y más adelante estaba otra casa que tenía más de cien morrocoyos, dos tambores, uno de tres varas y otro largo menor de tres cuartas”.
EN EL PIÑÓN: Tiene que ver mucho el municipio de El Piñón
Magdalena, con los orígenes de la Cumbia, así queda evidente con un relato
titulado “Viajes por Colombia 1823 y 1824”, que hace Charles Stuart Cochirane,
Capitán de navío inglés, que pasó en un champan por esta población en abril del
año 1823. Así relata el viajero ingles su llegada a EL Piñón Magdalena:
- “En Piñón encontré 7 cañoneros bajo el mando de Louis Carboniere, con guerreros que llevaban lanzas y parecían indios. Una vez en tierra me presenté ante el Capitán de escuadra, cuando le mencioné mi nombre, recibí de él un caluroso saludo, me comentó que había servido en las indias occidentales bajo las órdenes de mi padre, Sir Alexander Cochirane, a quien le debía mucho. Como prueba de su aprecio me ofreció una excelente cena. Antes de la cena, un melancólico sonido proveniente de una caña y un tambor, atrajo mi atención. Me dirigí al lugar y encontré a un grupo de personas que formaban un círculo al que me admitieron sin prevenciones. El sonido era producido por algunos indios; uno de ellos, de píe, sostenía una larga caña con la que emitía diferentes sonidos, sin melodía alguna; mientras tanto otro indio, sentado en el piso, sostenía en medio de sus piernas un pequeño barril cubierto con una piel de cordero templada, que servía como tambor, en el que producía un ritmo regular utilizando pequeños palitos. La música era simple, pero parecía deleitar a los indios, bailaban de manera algunas veces grotesca sin ser desagradable, con poco movimiento pero inclinando su cuerpo en varias posiciones fáciles. Para terminar, los bailarines tendieron sus capas sobre mis zapatos, para significar que se estaba solicitando una donación. Al finalizar me retiré a cenar”.
- “Los indígenas establecidos a orillas del Río Magdalena, conservan su vieja idolatría, manteniendo en aquella montaña un Caney grande (Ranchón), donde se reúnen a rendir adoración y pedir vaticinios a un gran muñeco que allí tienen pendiente de una viga y vestido de hojas y ramos aromáticos, con un turbante de vistosas plumas y en las manos su arco y flecha. Alrededor del Caney, con muchas tinajas y múcuras de sus bebidas y entre una y otra, sus bancos para descansar los que salen del baile; baile este, que forman en circo, tomando en medio al muñeco, para que obligado de aquel bárbaro holocausto, le anuncien los sucesos y sus gustos. Usan como instrumentos musicales, flautillas o canutillos, percusores con tronco perforado y cuero de venado, caracoles y fotutos”.
EN LA ZONA BANANERA: En el libro titulado Migrantes y Blacamanes, de la autoría de Venancio Bermúdez Gutiérrez, publicado en el año 1995, hay muchos testimonios de la música indígena Chimila. Hay un testimonio del cronista y militar español Gonzalo Fernández De Oviedo (1478–1557), Gobernador de la Provincia de Santa Marta de 1535 a 1538.
- “Tambores grandes de seis a siete palmos de luengo, hechos en un tronco vacuo de árboles gruesos y encorrados colgados en el aire dentro de los bohíos que sonaban mucho”.
También se informa en el año 1764, la llegada alegre de una escuadra de indios con fotutos, maracas, flautas y algazaras, y como elaboran los indios Chimilas algunos instrumentos musicales con huesos secos. Se afirma que cerca del Río Aracataca, en casa de los Chimila envueltos en hojas frescas, descubren dos canillas, una de brazo de gente y otra de pierna y que según los indios, las tienen para hacer pitos.
EN GUAMAL: En una expedición del Capitán y cronista español Don Martín Ruíz Díaz, realizada el 8 de septiembre del año 1766 en Guamal Magdalena, antes llamado “Malambo”, cuyo cacique era Milo o Melo, encontró lo siguiente:
- “Nos topamos con dos indios Chimila que venían y salió un Tocaimo, tras el uno de ellos que cogió y el otro siguió derecho a una casa que avanzamos y en donde cogimos tres chinitos, varones y hembras, y proseguimos adelante y avanzamos a otra casa, en donde había más de 50 tinajones de bebidas, sin otros que estaban al fuego cocinando y más adelante estaba otra casa que tenía más de cien morrocoyos, dos tambores, uno de tres varas y otro largo menor de tres cuartas”.
Viajes por Colombia.
1823-1824.
- “En Piñón encontré 7 cañoneros bajo el mando de Louis Carboniere, con guerreros que llevaban lanzas y parecían indios. Una vez en tierra me presenté ante el Capitán de escuadra, cuando le mencioné mi nombre, recibí de él un caluroso saludo, me comentó que había servido en las indias occidentales bajo las órdenes de mi padre, Sir Alexander Cochirane, a quien le debía mucho. Como prueba de su aprecio me ofreció una excelente cena. Antes de la cena, un melancólico sonido proveniente de una caña y un tambor, atrajo mi atención. Me dirigí al lugar y encontré a un grupo de personas que formaban un círculo al que me admitieron sin prevenciones. El sonido era producido por algunos indios; uno de ellos, de píe, sostenía una larga caña con la que emitía diferentes sonidos, sin melodía alguna; mientras tanto otro indio, sentado en el piso, sostenía en medio de sus piernas un pequeño barril cubierto con una piel de cordero templada, que servía como tambor, en el que producía un ritmo regular utilizando pequeños palitos. La música era simple, pero parecía deleitar a los indios, bailaban de manera algunas veces grotesca sin ser desagradable, con poco movimiento pero inclinando su cuerpo en varias posiciones fáciles. Para terminar, los bailarines tendieron sus capas sobre mis zapatos, para significar que se estaba solicitando una donación. Al finalizar me retiré a cenar”.
Negros le cantan cumbia al Libertador Simón
Bolívar: El historiador Álvaro Rojano Osorio,
manifiesta que en una de las oportunidades que estuvo el Libertador Simón
Bolívar en El Piñón, a principios del siglo XIX, tres negros con tambor, un
pito atravesado y una guacharaca, le interpretaron cumbia.
EN GAIRA: El diplomático sueco
Carl August Gosselman, en sus memorias tituladas “Viaje a Colombia 1825 y 1826”,
sobre la música en la población de Gaira, cerca de Santa Marta, expresa lo
siguiente:
- "Por la tarde se preparaba un gran baile indígena en el pueblo; la pista era la calle, limitada por un estrecho círculo de espectadores que rodeaban a la orquesta y los bailarines. La orquesta es realmente nativa y consiste en un tipo que toca un clarinete de bambú de unos 4 pies de largo, semejante a una gaita, con 5 huecos, por donde escapa un sonido; otro que toca un instrumento parecido, provisto de 4 huecos, para los que usa la mano derecha, pues en la izquierda tiene una calabaza pequeña llena de piedrecillas, o sea una maraca, con la que marca el ritmo. Este último se señala aún más con un tambor grande hecho en un tronco ahuecado con fuego, encima del cual tiene un cuero estirado, donde el tercer virtuoso golpea con el lado plano de sus dedos. A los sonidos constantes y monótonos que he descrito se unen los observadores, quienes con sus cantos y palmoteos forman uno de los coros más horribles que se puedan escuchar. Este era una imitación del fandango español aunque deja la impresión de asemejarse a una parodia. Tenía todo lo sensual de él, pero sin nada de los hermosos pasos y movimientos de la danza española, que la hacen tan famosa y popular”.
Hermes Tovar Pinzón: Relaciones y visitas a los Andes (Siglo XVI):
Tomo II: Región Caribe, publicado por Colcultura en el año 1994.
José Nicolás De La Rosa: La Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta, publicado en el año 1725.
Charles Stuart Cochirane: “Viajes por Colombia 1823 y 1824”; publicado por el Banco de la república en el año 1994.
Gnecco Rangel Pava: El País de Pocabuy, publicado en el año 1947.
Raúl Ospino Rangel: Historia Musical del Magdalena, publicado en el año 2005.
Venancio Aramis Bermúdez Gutiérrez: Migrantes y Blacamanes, año 2012.
Charles Stuart Cochrane: Viajes por Colombia 1823 y 1824: publicado por el Banco de la República, en el año 1994.
- "Por la tarde se preparaba un gran baile indígena en el pueblo; la pista era la calle, limitada por un estrecho círculo de espectadores que rodeaban a la orquesta y los bailarines. La orquesta es realmente nativa y consiste en un tipo que toca un clarinete de bambú de unos 4 pies de largo, semejante a una gaita, con 5 huecos, por donde escapa un sonido; otro que toca un instrumento parecido, provisto de 4 huecos, para los que usa la mano derecha, pues en la izquierda tiene una calabaza pequeña llena de piedrecillas, o sea una maraca, con la que marca el ritmo. Este último se señala aún más con un tambor grande hecho en un tronco ahuecado con fuego, encima del cual tiene un cuero estirado, donde el tercer virtuoso golpea con el lado plano de sus dedos. A los sonidos constantes y monótonos que he descrito se unen los observadores, quienes con sus cantos y palmoteos forman uno de los coros más horribles que se puedan escuchar. Este era una imitación del fandango español aunque deja la impresión de asemejarse a una parodia. Tenía todo lo sensual de él, pero sin nada de los hermosos pasos y movimientos de la danza española, que la hacen tan famosa y popular”.
FUENTES DE CONSULTA.
José Nicolás De La Rosa: La Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta, publicado en el año 1725.
Charles Stuart Cochirane: “Viajes por Colombia 1823 y 1824”; publicado por el Banco de la república en el año 1994.
Gnecco Rangel Pava: El País de Pocabuy, publicado en el año 1947.
Raúl Ospino Rangel: Historia Musical del Magdalena, publicado en el año 2005.
Venancio Aramis Bermúdez Gutiérrez: Migrantes y Blacamanes, año 2012.
Charles Stuart Cochrane: Viajes por Colombia 1823 y 1824: publicado por el Banco de la República, en el año 1994.
Julio Gómez Serrano: Publicación en su pagina de facebook, el día 18 de agosto de 2026, sobre el documento del año 1580 y la música en Tenerife.







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