jueves, 14 de enero de 2021

SIMÓN  BOLÍVAR
EN  SANTA  MARTA. 
Busto de Bolívar.
Sociedad Bolivariana del Magdalena.

LLEGADA DE BOLÍVAR A SANTA MARTA: Cuando Bolívar, sintió que su salud estaba resquebrajada hacia 1830, y aniquilado su espíritu por la ingratitud de sus conciudadanos, dispuso que quería irse de Bogotá hacia Venezuela, y si las cosas salían convenientemente, quedarse a vivir allí. Si no, seguía para Europa a conseguir sosiego y paz para su vida. Cuando llegó a Santa Marta, el 1 de diciembre a las 7:30 de la noche, procedente de Sabanilla en el Bergantín “Manuel” de propiedad de Don Joaquín De Mier; fue bajado en una silla de brazos, sin poder caminar. El doctor francés Próspero Reverend, lo encontró muy flaco, lo que indicaba que el paciente sufría graves padecimientos de salud. Como se pudo comprobar que la salud del libertador se agravaba con el calor de la costa, mientras esperaba salir del país, Don Joaquín De Mier, español generoso, le ofreció dos haciendas que quedaban en el camino hacia la Sierra Nevada, la Minca y San Pedro Alejandrino donde finalmente se quedó y fue atendido directamente por su propietario, junto con el médico francés.

SANTA MARTA DESCRITA POR BOLÍVAR: El 16 de diciembre de 1830, un día antes de morir, el Libertador, escribió su última carta, dirigida a su amada Fanny del Villar. En esa epístola expresa el amor por Santa Marta, con las siguientes expresiones.

- "Tengo al frente el mar caribe azul y plata".

- "A mi espalda se alza el macizo gigantesco de la Sierra, con sus picos coronados de nieve, impoluta como nuestros ensueños de 1805".

 "El cielo más bello de América, la más bella sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz".

Dice así la carta: Querida prima: ¿Te extrañará que piense en tí al borde del sepulcro? Ha llegado la última aurora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma, por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la Sierra Nevada con sus viejos picos dorados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805; por sobre mí el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz...Y tú estás conmigo porque todos me abandonan; tú conmigo en los postreros latidos de la vida, en las últimas fulguraciones de la conciencia. ¡Adiós Fanny! Esta carta, llena de signos vacilantes, la escribe la mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe; esta es la letra que iluminó el relámpago de los cañones de Boyacá y Carabobo; esta es la letra escritora del Decreto de Trujillo y del mensaje al Congreso de Angostura....No la reconoces, ¿verdad? Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despreciando la realidad de este supremo instante........Adiós Fanny, todo ha terminado. Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada; sólo quedas tú como visión seráfica señoreando el infinito, dominando la eternidad. Me tocó la misión del relámpago; rasgar un instante la tiniebla; fulgurar apenas sobre el abismo y tornar a perderme en el vacío. Tuyo, Bolívar.

EL TAMARINDO DONDE DESCANSABA BOLÍVAR EN SANTA MARTA: Desde aquel primero de diciembre de 1830, cuando Simón Bolívar llegó a la Quinta San Pedro Alejandrino de Santa Marta, lo primero que hizo fue fijarse en los árboles frondosos que se encontraban en el patio del sitio histórico. Allí sobresalían ceibas, bongas, mangos, campanos, tamarindos y samanes. En uno de esos tamarindo, el más frondoso, el Libertador todos los días colgaba una hamaca para descansar, reflexionar y redactar cartas: Unas de carácter político y otras amorosas, como la que le escribió a su viejo amor de Paris, Fanny del Villar, el 6 de diciembre de 1830. Fue bajo las sombras del tamarindo que escribió su Última Proclama, el 10 de diciembre del mismo año; y fue en el mismo tamarindo y en la misma fecha, que pronunció ante el Escribano Público, José Catalino Noguera, su Testamento. Fue testigo el legendario tamarindo, de la enigmática conversación que sostuvo el moribundo Bolívar, con el Obispo José María Estévez; tan alterada fue la charla que el Obispo no hizo presencia en los funerales del padre de la patria. Nunca se supo de tan semejante altercado. Después de 185 años de la muerte de Bolívar, cuentan algunos que han visto su espíritu pasear por los jardines de la Quinta San Pedro Alejandrino, y que incluso su silueta apareció una vez dibujada entre las ramas de uno de los tamarindos que aún se conservan.

COMIDAS PREFERIDAS DE BOLÍVAR: Prefería la arepa de maíz, más que el pan. Siempre tomaba sopa y en el oriente venezolano consumía pescado frito. En su almuerzo, el punto final de la mesa era una copa de vino. En los Andes por ejemplo, la comida de Bolívar era papa y arepa de trigo. En los Llanos, los platos favoritos de Bolívar eran yuca, plátano y carne de res y el cafecito en la mañana, que nunca falta en aquellas tierras. En Ecuador y Perú, Bolívar popularizó "el chupe de gallina" y siempre, cuando estaba fuera de Venezuela, recordaba la hallaca y el mondongo. De lo que comía El Libertador, proviene de los escritos de sus allegados. Afirma el General Luís Perú de Lacroix en el Diario de Bucaramanga, que:

- “En la comida toma dos o tres copitas de vino tinto de Burdeos o de Madeira, y una o dos copitas de champaña”.

- "Solía comer mucho en el almuerzo y no dejaba pasar una arepa de maíz".

- "Prefería comer más legumbres que carnes".

- "Entre los dulces, lo que más comía eran las frutas".

- “Le gusta hacer la ensalada".

También le gustaba el ají, como lo recordó en una anécdota ocurrida cuando estuvo en Potosí, Bolivia.

- “En una gran comida que me dieron y por la cual se gastó más de seis mil pesos, se hallaban muchas señoras; reparé que varias de ellas, y particularmente las que estaban a mi lado no comían porque todo les parecía sin sabor por motivo de que no se había puesto ají en los guisados, como es costumbre hacerlo en aquel país, por miedo a que a mí no me gustase: yo pedí entonces, y al momento se puso ají en toda la mesa, y todos comieron con mucha gana: vi algunas señoras que lo comían solo con pan

A su muerte, en la Quinta San Pedro Alejandrino en Santa Marta, su dieta se basaba en masas de sagú, pollo y caldo. Debido a su enfermedad fue dejando de comer y prácticamente se sostuvo de agua de sagú, la cual se consideraba muy medicinal. El sagú, es un tubérculo cosechado hace cientos de años, que para nuestros antepasados era de gran importancia ya que era una fuente de nutrición para los niños y ancianos con anemia. El sagú es una raíz que se da en los climas cálidos y templados, es un producto que fue en un tiempo característico de Colombia. De acuerdo a un manuscrito fechado noviembre 10 del año 1830, se puede leer una solicitud del General Mariano Montilla al Juez Alcalde Juan María Rivera de Barranquilla, en la cual se piden le sean enviadas frutas frescas, ante la próxima llegada del General Bolívar a Santa Marta. En esta solicitud, no solo piden mangos, sino también piña, zapotes y guanábanas.

PORQUE EL OBISPO ESTÉVEZ NO FUE AL SEPELIO DE SIMÓN BOLÍVAR? Moribundo se encontraba el 10 de diciembre del año 1830, Simón Bolívar en la Quinta San Pedro Alejandrino, cuando llegó el Obispo de la Diócesis de Santa Marta, José María Estévez a visitarlo y confesarlo de sus pecados. El dialogo a puerta cerrada duró 14 minutos, saliendo ofuscado el Obispo del encuentro. El 17 de diciembre del año 1830 a la una de la tarde muere Simón Bolívar, su sepelio ocurre el 20 del mismo mes y año, con la ausencia del Obispo José María Estévez. De inmediato empezaron los interrogantes: 

- Cual sería el episodio que pudiera explicar la conducta del Obispo?

- Que pasó en San Pedro Alejandrino, para que el Obispo Estévez no asistiera a los funerales del Libertador?

Son muchas las versiones sobre el particular, pero la que más ha calado en la historia, es el disgusto del Obispo Estévez por haberse negado el Libertador a dar testimonio público de arrepentimiento por sus amores con Manuelita Sáenz. El Libertador se negó en forma altiva a retractarse de sus amores con Manuelita Sáenz. La caballerosidad, el agradecimiento, impidió a Simón Bolívar, humillar a la mujer que tanto amó y le salvó la vida.

HONORIS CAUSA AL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR: El 17 de diciembre del año 2000, la Universidad del Magdalena otorgó el título Doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales, al Libertador Simón Bolívar, por los méritos que lo distinguieron como haber emancipado cinco países suramericanos, reconocimiento por iniciativa de la Sociedad Bolivariana del Magdalena.

DRAGONEANTE PINTO, QUIÉN MEJOR CONOCE A SIMÓN BOLÍVAR: El dragoneante de la Policía Nacional, Luis Eduardo Pinto Fuentes, es uno de los pocos colombianos que a través de la lectura ha escudriñado la vida del prócer de la independencia. Nació en Bogotá el 29 de julio de 1940, sobresaliendo como corregidor de Dibuya Guajira; luego llegó a Santa Marta el 5 de febrero de 1968, como cartógrafo en el Departamento Policía Magdalena. Pasó a la Quinta San Pedro Alejandrino como guía histórico, relator y divulgador de la obra del Libertador. A su llegada a Santa Marta no tenía mayores conocimientos sobre la vida de Simón Bolívar, pero en la medida en que los visitantes lo interrogaban sobre el particular vio la necesidad de conocerla a fondo y fue allí donde comenzó a leer todos los libros que hablaban sobre él. Sus narraciones sobre las hazañas de Bolívar cautivaron a reyes, reinas, presidentes, embajadores, ministros, historiadores, profesores, estudiantes, turistas y, en general, a todos los visitantes de San Pedro Alejandrino. Luis Eduardo Pinto, después de su retiro forzoso de la Policía Nacional, anda por las calles de Santa Marta reviviendo la historia con charlas en colegios y universidades. Por todo este esfuerzo ha recibido muchos reconocimientos: la Gran Cruz de Bastidas; la Medalla de Servicios, en la Policía Nacional, Medalla del Servicio del Ejército de Venezuela, réplica de la espada del Libertador otorgada por el Presidente de Venezuela Hugo Chávez, la Gran Cruz al Mérito Policial refrendada por el Presidente Andrés Pastrana. Hace parte de la Academia de Historia de la Policía, de la Sociedad Bolivariana del Magdalena, y fue distinguido Doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales, por parte de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla.

“CASILLA DEL POLICÍA”, EN LA CASA DE LOS KATIME: La historia cuenta que en la antigua casa de los Katime (siglo XXI es un centro comercial), sobre la Avenida del Libertador de Santa Marta, había un puesto de guardia en alto sobre cuatro columnas, al cual llamaban “Casilla del Policía”. Es precisamente en ese sitio, donde está la señal que dice:

- “Pasó Bolívar, diciembre 6 de 1830.

Cerca de ese lugar estuvo un árbol con las tres cruces de hierro, de Norte a Sur, que le dieron el nombre a los cerros aledaños. Para alguno esto de “Las Tres Cruces”, estuvo relacionado con algún tesoro escondido de los españoles.

LA HAMACA Y SIMÓN BOLÍVAR: El primer registro escrito sobre la hamaca proviene de los diarios de Cristóbal Colón y data del miércoles 17 de octubre de 1492. Ese día el descubridor del continente americano visitó una isla en las Antillas, donde encontró que las camas eran como redes de algodón. La hamaca jugó un papel fundamental en la vida de Bolívar, ya que mecido en ella, urdió durante años las guerras de independencia. El Libertador tenía la particularidad de mecerse en su hamaca a gran velocidad, y meciéndose dictaba proclamas, discursos, decretos, hasta silbaba y tatarareaba. Allí descansaba mientras diseñaba las estrategias de guerra, y muchos de sus romances surgieron y se consolidaron en una hamaca. De los 22 atentados de sus enemigos, en 3 ocasiones la hamaca le salvó la vida. Como tenía la costumbre de dormir en hamaca, le dispararon y apuñalearon varias veces, con la fortuna de no encontrase ese momento en ella. En 1830, cuando llegó a la Quinta San Pedro Alejandrino de Santa Marta, la señora Isabel Rovira y Dávila, esposa de Don Joaquín de Mier, le ofreció su lujosa cama Luis XV enchapada en bronce y plata con adornos de vidrio Bacarat, para que estuviera a gusto, pero él rechazó el ofrecimiento y pidió una hamaca. Prefirió una hamaca colgada en los árboles milenarios de tamarindos y samanes frente la edificación principal de la hacienda.

QUIEN TENDRÁ LA RUANA DE SIMÓN BOLÍVAR? Una ruana especial hecha para clima tropical y que El Libertador Simón Bolívar en 1830 había dejado en Cartagena, antes de salir para la Quinta de San Pedro Alejandrino de Santa Marta; fue robada del Palacio de la Inquisición, una noche de finales de abril del año 2001. Se la obsequió a una familia muy amiga suya, la Gutiérrez de Piñeres, familia que posteriormente la donó al Museo Histórico de Cartagena. Pieza que era exhibida en el centenario Palacio de la Inquisición y de valor histórico incalculable.

ASÍ FUE LA NIÑEZ DE SIMÓN BOLÍVAR: En la Caracas colonial cuya población no sobrepasaba unos treinta mil habitantes, “Simoncito” creció como todos los niños de su rango social: Mecido en los brazos de una esclava negra llamada Hipólita, a quien amaba como a una segunda madre. El niño acompañaba a sus padres en sus oficios religiosos, jugaba con otros niños de su edad en el patio de su casa natal y recibía enseñanzas de sus primeros maestros. Simón Bolívar fue un niño común y corriente, que jugaba con los de su edad los juegos infantiles: el palito mantequillero, el gárgaro malojo, la gallinita ciega, el escondite; y escuchaba las leyendas del Tirano Aguirre, los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, entre otros, de labios de su mamá o de sus nodrizas.


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